domingo, abril 08, 2007

Quizá, pausa

Olores y burbujas flotantes, fragmentos de jabón inflados, pulmones mortales y manos asesinas. El cielo infinito. En el eterno devenir mis manos encuentran de nuevo las ligeras teclas resortadas. Mamá alista la maleta de trabajar, vuelve a su rutina remunerada, papá lucha con sus venas, su corazón agitado hace fluir la sangre a velocidades innecesarias. Envejece. Mafe, agitada por dogmas, estetoscopios y libros inmortales intenta aliviar la muerte de sus pacientes terminales. Guillo, el extraño conocido, hermano y acompañante de cuarto acepta sus 80 kilos con gracia y estoicismo, los últimos sucesos han cegado sus ojos, abriendo nuevos mundos, el dinero abultado.

Yo el eterno, hijo del gris que nació para encontrar un sentido más allá de la gripe y los olores del transporte público. Alisto mis ojos y la pequeña cámara heredada. He nacido de nuevo, la luz ha llenado mis días, ese dolor que me dio nombre ahora es solo un fugaz recuerdo, noches lluviosas. Un nombre ha curado mi corazón, el alimento de mis palabras se ha extinguido, necesito un nuevo combustible, un ser en busca de sangre, lágrimas, explosiones y penas, de nuevos temas.

Haré un nuevo compromiso para volver a traicionarme, sentir el olor ácido de mis dolores abultados, buscar el olor de la inspiración, pensar en los ojos cafés que me han enamorado y reanudar mi escritura, el ojo sigue intacto, no necesita reparos.

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